miércoles, 24 de octubre de 2012

El estado de la "Cosa"





Me permito transcribir un Manifiesto redactado por el Circulo de Economía de la Región de Murcia. Dado que suscribo gran parte de las ideas y contenidos, la comparto con vosotros.  Entiendo que representa una opinión "políticamente correcta".


COMUNICADO DEL CÍRCULO DE ECONOMÍA DE LA REGIÓN DE MURCIA
(Aprobado por unanimidad en la Asamblea General celebrada el día 4 de octubre de 2012)
ES HORA DE GESTIONAR CON MAYOR EFICIENCIA LOS RECURSOS Y DE APOSTAR POR LOS SECTORES MÁS PRODUCTIVOS.
UN GRAN PACTO REGIONAL Y NACIONAL RECUPERARÍA LA NECESARIA UNIDAD ENTRE LOS SECTORES ECONÓMICOS, SOCIALES Y POLÍTICOS.



Tras años de gravísima falta de visión política, de irresponsable e indolente ocultación de la gravedad de la situación, de incapacidad para identificar y explicar con sinceridad las causas de la crisis, y sobre todo, de falta de voluntad para tomar a tiempo decisiones proporcionadas a la dimensión y gravedad de la misma, nuestros principales dirigentes políticos y algunos agentes sociales, económicos y financieros, han conseguido generar una profunda y general desconfianza en su capacidad y voluntad para resolver las auténticas causas de esta gravísima crisis económica. A pesar de todo ello, seguimos pensando que son más necesarios que nunca dirigentes políticos cualificados, responsables y con visión de Estado que sean capaces de inspirar confianza y recuperar la esperanza de la ciudadanía. Es el momento de que demuestren que lo son desde la lealtad institucional, la grandeza y el sacrificio.

Sabemos que las causas profundas de la crisis son muy diversas y complejas. Somos conscientes del carácter decisivo de los factores económicos y financieros internacionales que han desencadenado la situación actual, pero nos negamos a aceptar que no existan márgenes en la toma de decisiones a través de nuestras instituciones europeas, nacionales, regionales y locales. La falta de previsión, de control y de agilidad en el funcionamiento y en la toma de decisiones, sobre todo de los organismos reguladores del sistema financiero ha contribuido a agravar los problemas y a dilatar en el tiempo las posibles soluciones, pero existe un ámbito de gestión autónoma al que no se puede, ni se debe renunciar, un ámbito que no puede quedar a merced de la voluntad, ni de los intereses de los volátiles e imprevisibles mercados.

Existen responsables personales e institucionales perfectamente identificables que deberían dar pública cuenta de sus acciones y sus omisiones. Nos negamos a aceptar que la responsabilidad esté igualmente repartida entre todos nosotros. No todos somos igualmente responsables de lo sucedido. A pesar de todo, creemos que debemos dejar de pensar en clave de pasado y mucho menos en clave sectaria, o partidista. No es mejor gobernante quien demuestra ser más hábil a la hora de identificar las culpas ajenas y de trasladar sistemáticamente a los demás las responsabilidades de los problemas. No está el país, la región, ni nuestros ayuntamientos para juegos políticos electoralistas entre gobierno y oposición. Es tiempo de asumir proyectos colectivos y de corresponsabilizarse en el objetivo común de sacar adelante a España y a nuestras Comunidades Autónomas. Creemos imprescindible, para esta tarea el logro de un gran Pacto Regional y Nacional en el que se acuerde, por parte de los principales actores políticos, económicos y sociales las medidas necesarias para superar esta etapa crítica. El Círculo de Economía se ofrece para colaborar en nuestro ámbito con este propósito y para trasladar a nuestra confederación (CEDE) idénticos fines desde la perspectiva nacional.

Es hora de que nuestros mejores gestores de la “res pública” demuestren sus cualidades con hechos. Ha llegado la hora del protagonismo de los más capaces y cualificados. El mejor gobernante es aquel que, independientemente de los votos obtenidos, demuestra con datos la buena salud de la institución encomendada y su capacidad de administrar y gestionar con eficiencia los escasos recursos públicos. Esa es su cuenta de resultados. No se puede confundir la dirección de un partido político con la dirección de un país, de una región, o de un ayuntamiento. Quienes intenten justificar su falta de toma de decisiones, o manifiesten su cansancio, su desgana, o su incapacidad para gestionar una situación como la actual, deberían dejar paso a otros dirigentes con mayor motivación y mejor cualificación y disposición para llevar adelante las difíciles tareas pendientes. Es la hora de la ejemplaridad y del liderazgo en la gestión. Necesitamos más que nunca de la política, pero entendida como administración eficiente de los intereses colectivos. La mera gestión de lo obvio ya no es suficiente, es imprescindible innovar soluciones para problemas inéditos.

La existencia de las administraciones, su tamaño y coste sólo están justificados en función de su capacidad para resolver los problemas reales de los ciudadanos que las financiamos. Si no podemos permitirnos estructuras administrativas antiguas, ineficaces, o demasiado caras, éstas deben ser reestructuradas, o eliminadas de manera inmediata. Esa es una de las grandes y urgentes reformas pendientes. Las familias y las empresas ya han realizado importantes esfuerzos de reconversión. Seguimos esperando esfuerzos similares por parte de las estructuras políticas y administrativas que no tienen derecho a lastrar el futuro de los sectores económicos y sociales que todavía funcionan sin razones que lo justifiquen.

La duda es si quienes ostentan la representación de las administraciones serán capaces de tomar decisiones en contra de lo que algunos consideran sus propios intereses, aunque no coincidan con los de la mayoría de la población. En el caso concreto de nuestra Comunidad Autónoma hay que reconocer que se han tomado algunas decisiones acertadas para la contención del déficit público, nos congratulamos de ello y animamos a sus responsables a continuar en esa dirección hasta alcanzar los objetivos previstos. No nos conformamos con esperar a que se nos conceda un necesario nuevo modelo de financiación autonómica más favorable. No estamos ya en la etapa de intentar controlar el gasto, o de gestionar con mayor austeridad. Nos encontramos en una etapa crítica de toma de decisiones importantes y urgentes, en la que resulta tan decisivo transformar y modernizar las administraciones públicas, como realizar políticas de estimulo de la economía, y necesitamos dirigentes capaces de asumir sus responsabilidades y estar a la altura que requieren las circunstancias.

Necesitamos administraciones y administradores con capacidad ejecutiva y de toma de decisiones. Queremos gestores comprometidos y responsables de sus tareas, con una hoja de ruta clara y que se centren en la urgencia y la importancia de la situación actual. Las previsiones de futuro son en estos momentos de incertidumbre tan difíciles como poco fiables. No nos parece prioritario contratar costosos Planes Estratégicos (que por cierto, podrían ser elaborados desinteresadamente, o a un coste simbólico, por instituciones comprometidas y cualificadas de la sociedad civil) que queden superados por los acontecimientos a los pocos meses de ser elaborados, o que no sean tenidos en cuenta una vez presentados en público. No necesitamos tampoco de nuevas leyes y normas que nos compliquen aún más el entramado administrativo. Nos conformaríamos con que se cumplieran las ya aprobadas y que el esfuerzo normativo se centrara en simplificar la burocracia, agilizar los trámites administrativos y reducir sus costes. Los legisladores no deberían dedicar su actividad a proponer leyes innecesarias, o inoportunas (alguna de ellas acaba de iniciar recientemente su proceso de tramitación), sino que deberían centrarse en aprobar normativas orientadas a ayudar a las empresas a desarrollar con normalidad su actividad y a mantener sus puestos de trabajo en un momento crítico. Una mejor regulación no implica un mayor número de disposiciones sino una mejora en su calidad y eficiencia. Esta tarea es inaplazable, pues en una economía globalizada no solo compiten las empresas y los profesionales, sino también los Estados y las regiones. Resultaría inaceptable perder una sola inversión en nuestra región; es por ello imprescindible convertirla en un lugar atractivo para el emprendimiento y los negocios.

No se puede situar la supervivencia de algunas administraciones públicas a la misma altura de la supervivencia de la empresas y los trabajadores que mantienen a aquellas y legitiman su existencia, ni mucho menos justificar posibles excesos recaudatorios, en función de intereses que no son prioritarios, ni de carácter general. La reciente subida de los impuestos y tasas, a nuestro entender exagerada, debería ir acompañada de una austeridad, una ejemplaridad y una transparencia mayores. De igual manera, no parece inteligente lastrar a los sectores y empresas que siguen funcionando razonablemente bien con cargas impositivas desproporcionadas que pongan en peligro su continuidad para seguir contribuyendo al crecimiento económico y a la tan necesaria generación de empleo. En estos difíciles momentos la prioridad debería ser ayudar a las empresas a continuar con su actividad productiva. No pedimos a las administraciones ayudas que ya no están en condiciones de proporcionar, solicitamos sencillamente que no se conviertan en un problema añadido, que se nos deje seguir trabajando sin poner obstáculos administrativos, o fiscales innecesarios, inoportunos, y ajenos a la realidad que sufrimos. Los servicios de inspección de las administraciones han desempeñado un importante papel de vigilancia, control, e incluso asesoramiento para la mejora de nuestras empresas. Sería lamentable que, en estos delicados momentos, por decisión política, olvidaran ese papel que históricamente han realizado y se centraran exclusivamente en la mera recaudación indiscriminada frente al valioso servicio de prevención, apoyo y ayuda que sus cualificados funcionarios pueden proporcionar.

Estamos saturados y hartos de tanta información macroeconómica de carácter negativo frente a la que carecemos de capacidad de toma de decisiones. Sabemos que nuestro futuro depende en gran medida de factores financieros internacionales, pero estamos convencidos que la única forma de esperar un cambio general de tendencia es seguir trabajando con renovado esfuerzo desde el conjunto de las pequeñas y medianas empresas que constituyen nuestro rico tejido productivo. Es en esa economía real de producción de bienes y servicios concretos donde se encuentra la solución a los problemas a los que nos ha llevado los excesos de la sobredimensionada economía financiera.

Ojalá se hagan realidad próximamente grandes proyectos emblemáticos que consigan dinamizar significativamente nuestra actividad económica. Cuentan con todo nuestro reconocimiento y sincero apoyo, pero sería un error imperdonable por parte de las administraciones olvidar que el presente y el futuro de la región de Murcia pasa por invertir los escasos recursos de que se disponga en la promoción de los sectores tradicionales que siguen manteniendo vivo el tejido productivo regional. La industria agroalimentaria y el turismo son dos ejemplos de sectores con enorme vitalidad y mucha potencialidad que merecerían una mayor atención por parte de las administraciones. Resulta inadmisible, también en este contexto de contención del déficit público y de la deuda, que se olvide algo tan elemental como que sólo mediante el crecimiento de la actividad económica se podrán generar los ingresos capaces de hacer sostenible el sistema. Olvidar en los próximos presupuestos el apoyo y la promoción de los sectores más importantes de la actividad económica supondría un gravísimo error que hipotecaría, aún más nuestro futuro.

Afortunadamente, contamos en nuestra región con empresas ejemplares, así como con directivos muy cualificados y dispuestos a aportar su experiencia y a compartirla con quienes se sientan capaces de construir con esfuerzo un futuro común basado en la esperanza y en la confianza en nuestras propias capacidades. Esta es la disposición de los miembros del Círculo de Economía de la región de Murcia. Junto al resto de valiosas instituciones de la sociedad civil y en colaboración con las administraciones públicas más conscientes, reitera su público compromiso de velar por los intereses generales de nuestra Comunidad, de no decaer en la tarea colectiva de intentar superar estos momentos de dificultad y de seguir luchando para alcanzar cuanto antes los niveles de empleo y bienestar que nuestra comunidad merece.



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