martes, 26 de junio de 2012

La ascensión del Alpe d´Huez






Dada la proximidad de nuevo reto del deporte español, me sale del tirón la comparación de nuestra situación en el "nuevo orden mundial" con la citada carrera. Una carrera, como todo el mundo conoce, por etapas y por equipos.

Una carrera donde corren veinte equipos (G20) oficiales, más un par de equipos invitados, y aquí es donde nos colamos nosotros, que junto a los Países Bajos, tenemos una gran tradición “ciclista”.

Los equipos están formados por diez corredores; un líder (el nuestro, Mariano), con nueve gregarios-ministeriables, los cuales se encargan de apoyar al líder en los momentos complicados de la carrera y sacrificarse con el esfuerzo individual en pos de la victoria del equipo.

Hoy nos encontramos ante la famosa etapa que culmina en la ascensión del Alpe d´Huez, nuestro Mariano se ha mantenido dentro del pelotón durante toda la etapa, transmitiendo “confianza” a los adversarios que desconocían las verdaderas fuerzas de nuestro equipo.

Lo que nosotros sabíamos, (y alguno de nuestros adversarios también) es que el equipo estaba ligeramente fondón antes del comienzo del Tour. Los últimos años se habían estado entrenando en pruebas facilonas, donde la montaña escaseaba, y claro la preparación física tocaba lo justito.

Como esto del ciclismo, aparte de subir cuestas, tiene mucho de póker, tenemos a nuestro líder y a parte del equipo manteniendo el tipo toda la etapa; al resto, ya lo damos por perdido, que eso pasa en todos los equipos.

Pero ya estamos en el Alpe d´Huez, y como todos sabemos son 21 curvas. Ahora toca atarse los machos y echar riñones.

Para los amantes del ciclismo sabemos que hay distintos estilos de ascensión, el ejemplo de Ullrich o locomotora alemana, que mantenía piñón fijo, ritmo constante y dejaba a los cabras temerarios que aceleraran a su alrededor. El modelo Pantani, que consistía en ir agazapado y dar un brusco demarraje para descolgar a los adversarios o el del americano Armtrong, que mantenía con los gregarios un ritmo tal que al final se quedaba solo.

Llegada la décima curva a nuestro Mariano lo han dejado atrás, la carrera contra los tres anteriores se ha cobrado su pieza y ya vamos perdiendo tiempo en la prima de riesgo

Claramente, para los que van justos de fuerzas lo conveniente es subir a ritmo constante, apoyado por nuestros gregarios, sin hacer locuras e intentando perder el menor tiempo posible. Pero nuestro espíritu combativo hace que Mariano no se rinda, sigue dando tirones para intentar contactar con la cabeza del pelotón.


De este pelotón también se ha caído el italiano, pero no tenemos muy claro si nos podemos fiar de él. Así que cada uno, la carrera por su cuenta, y ya veremos cómo nos luce.

Hemos pasado tres curvas más, entramos en la niebla, y la gran cantidad de público hace que perdamos las referencias con el grupo de cabeza. Llegan los momentos mas duros de la carrera, la pendiente de la prima de riesgo se dispara, y Mariano sigue apretando. 

Perseveramos; y ya hemos perdido la cuenta del número de curvas, no sabemos ni dónde estamos, ni cuanto queda para la meta.... Pero tenemos dos opciones; seguimos quemando las fuerzas justas que nos quedan, tirando en solitario, o reconocemos que estamos “fundios” y esperamos a nuestros gregarios para que nos suban en volandas.

Lo primero puede incluir la etapa dentro de las gestas del ciclismo español, pero lo segundo nos puede salvar de hundirnos en la General.

Que difícil dilema, ¿tendrá nuestro Mariano las piernas de Indurain o vamos camino de “la pájara-rescatada”?

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